miércoles, 30 de noviembre de 2016

CRÓNICA DE UNA ANÉCDOTA

COMANDANTE FIDEL CASTRO

Antonio Campillo Ruiz
“Cuando un pueblo enérgico y viril llora,
la injusticia tiembla.” 


Fidel Castro


   Conocí personalmente a Fidel Castro durante el primer viaje del Aula Navegante de Estudios Iberoamericanos. El “J.J. Sister”, rebautizado “Guanahani”, fondeó en la isla de la que copio su nuevo nombre, en las Bahamas, la madrugada del día 12 de octubre, como primera escala, tal cual hizo  Cristóbal Colón en su primer viaje al Nuevo Mundo. De allí partió hacia su segunda escala, La Habana. Un revuelo de intranquilidad se apoderó de oficiales y marinos cuando, al llegar a las aguas territoriales de Cuba, aparatos de medida, navegación vía satélite y electrónicos se volvieron un poco locos, indicando parámetros contrapuestos. Sí, se trataba de los satélites que EE.UU. mantiene, en lugar geoestacionario, sobre la Isla para provocar todo tipo de interferencias electromagnéticas. Capitán y oficiales de a bordo buscaron con nerviosismo las cartas de navegación sobre papel y trazaron nuevamente el rumbo, lento, cuidadoso por los peligrosos cayos y arrecifes. El viaje se alargó dos horas, tiempo que esperó Fidel Castro, todo su gobierno, altos cargos de la nación y una nube de pioneros en el muelle donde atracaría. De pie, con la paciencia que caracteriza a un amigo que espera dar un abrazo a quien llega desde lejos.

“J. J. SISTER”, rebautizado “GUANAHANI”

   Fue el primer gesto que honró a un Jefe de Gobierno ante un hecho realizado con la intención de provocar daño a todo aquel que manifestase el cariño de acercarse a saludar a un cubano, a un pueblo aislado por la intransigencia de los “dueños” del mundo. 

   Al desembarcar, ante la multitud de cubanos y un recibimiento tan cálido como el carácter del pueblo, entre unos y otros, casi sin darme cuenta me encontré ante un pequeño gigante rígidamente vestido por su impenitente traje militar de color verde oliva, Fidel Castro. Alto, majestuoso y dando la mano o un abrazo, uno a uno, a todos los que llegábamos de su otra Patria. Al apretar su mano y dar una palmada a su espalda, él repitió el gesto y sería una veleidad tratar de expresar en este momento el aurea que le envolvía y la sensación de amistad, bondad y camaradería que le rodeaba. Inaudito. Inusual su campechanería y sonrisas a unos y otros. Profesores y alumnos, sin dejar uno, con la paciencia de su larga espera, fueron saludados y amablemente recibidos por Fidel y todo su gobierno. Los pioneros ponían la nota de color con sus rojos pañuelos al cuello e intercambio de preguntas y jolgorio. Acabados los saludos, todavía Fidel estaba mirando hacia el barco. Solícitamente, el Jefe de la expedición le preguntó qué esperaba, a lo que respondió: “… espero a la tripulación, ellos también han venido con ustedes, es más les han traído a ustedes ¿no?” Con rapidez y agitadamente el capitán dio orden de que bajasen todos los marinos del barco excepto los que estaban de guardia. Fidel insistió diciendo: “… no capitán, estos soldados y marinos hermanos cuidarán de su barco pero sus marinos se vienen con nosotros, son hermanos iguales que usted”. Bajó toda la tripulación, los saludó cordialmente uno a uno y en los transportes habilitados nos trasladaron a todos a la residencia oficial del gobierno en La Habana. En los grandes y parcos salones plenos de grandes plantas tropicales creciendo en su suelo original, se había preparado un gran banquete de bienvenida que contenía desde un pote tradicional de habichuelas hasta las barricas de viejo ron y puros de todo tipo de fabricación propia. Sus diseñadores no pretendieron agasajar apabullando con manjares sino exponer todas las tradiciones de un pueblo que fue colonia española y en el que perduraban tradiciones culinarias bien conocidas por quienes estuvieron, en otra época, allí. Nadie se atrevía a tocar nada de las mesas porque observarlas era tan bello plásticamente como importante para su estudio antropológico. Fidel empujaba con los brazos abiertos a todos hacia la imperiosa curiosidad de apreciar tales alimentos y en pocos segundos una fiesta espontánea, una alegría curiosa y compartida se apoderó de todos, incluyendo a los importantes hombres y mujeres del Gobierno.


   A la sazón, Paco, un compañero que llevaba un cuadro para el Museo de Arte Moderno de la Habana como regalo del Ayuntamiento de Granada, cargaba con él ayudado por mis brazos, ya cansados. Fidel nos invitó a entrar a una habitación y, con el Ministro de Deportes y Cultura, Alberto Juantorena, el campeón olímpico de 400 y 800 m. lisos en Montreal, 1976, nos sentamos los cuatro en el recinto. Tuvimos una charla tan agradable como importante acerca de la pintura, del viaje, de la necesidad de la enseñanza y del saber, del buen ron y del tabaco. Fidel, introduciendo su mano en el bolsillo interior de su chaqueta, sacó dos Cohibas y nos lo ofreció a Paco y a mí. Otro lo preparó para él. Con el gusto de compartir hasta lo que fue su símbolo durante los años de la guerra contra Batista, encendimos los puros y seguimos hablando por más de media hora. Requerido por la marabunta en la que se había convertido aquella improvisada fiesta, Fidel se despidió de mí como si desde siempre hubiésemos estado hablando, siendo, que le tuve que explicar dónde estaba Murcia y en qué rinconcito le esperaría para enseñarle una agricultura muy rentable y bien estructurada, de la que estuvimos hablando con gran interés por su parte, y un mar interior que le gustaría. Al salir a los salones nos abuchearon por secuestrarle tanto tiempo y la satisfacción de Paco y mía fue mayor. Probamos un ron que los compañeros habían rescatado de sus cien años de crianza y terminamos de fumar el Cohiba. Nos integramos a la fiesta y a altas horas de la madrugada, por las silenciosas y oscuras calles de una Habana durmiente, iluminadas por débiles lámparas de gas con su nerviosa llama flameando al viento, caminamos conociendo sombras y rincones peculiares, desde la residencia hasta el muelle. Durante el trayecto noté cómo la humedad caribeña, los excesos de comida y bebida y, especialmente, el humo de aquel inmenso cigarro, iban haciendo mella en mis bronquios y una tos cada vez más impertinente fue apareciendo. Al día siguiente, con los estudiantes de Historia del Arte, Birkin, Antonio y Raúl, salimos hacia la Bodeguita del Medio y todo un gran paseo con tropezones de mojitos y daiquiris, a la vez que mis bronquios se transformaban en unas débiles láminas que se agitaban paso a paso. Fue igual. Seguimos hasta el final pero… pero… ¡Ay! Con la promesa expresa de que jamás, jamás, volvería a tener un malestar como aquel por fumar. Y hasta hoy. Así fue y será hasta que nos veamos otra vez en las Pléyades, amigo Fidel: hiciste que dejase de fumar en la Isla con aquel cigarro, a pesar de ser productora exquisita de tabaco de la mejor calidad y amorosamente liado.


   Después, otras dos veces he tenido el honor de estar juntos por otros motivos. Podremos hablar de palabras como Estado, prisión, imperialismo palurdo, Guantánamo, guetos en playas de Miami, sociedad occidental, democrácia, libertad... lo haremos… pero ha sido un honor poder hablar y planificar diversos aspectos provechosos para la Isla con el último rebelde con causa, por su inmensa comprensión hacia todos y para todos los compañeros y hermanos, como llamaba siempre a las personas, sus conciudadanos. Siempre recordando la anécdota y siempre explicándote dónde estaba y cuándo vendrías a Murcia… Tu Revolución, Fidel, te ha absorbido la vida que has dedicado a una sociedad diferente y muy desconocida por el resto de ciudadanos de este mundo que sí, ha cambiado porque ya ha habido un Presidente negro en la Casa Blanca a la vez que un Papa latinoamericano, como predijiste. 
Antonio Campillo Ruiz 


             

sábado, 26 de noviembre de 2016

PENSANDO EN TI. LA ESPIRAL DEL TIEMPO

LA LARGA BÚSQUEDA  IX

Antonio Campillo Ruiz


   Nada más lejos de mi mente que hablar y hablar de aspectos que, no por conocidos, trazan, queramos o no, caminos inesperados e insondables. Pero, en fin, así nos sucede siempre. Nuestra inesperada sinceridad, a veces, puede conducir hacia un camino espinoso y podemos sufrir algún rasguño en el alma.


   Tres hechos han confluido en una especie de meditación inesperada: unas canciones, un día y una soledad. Las canciones prepararon un terreno muy abonado para la siembra de una añoranza, siempre reclamada y jamás atendida con la rapidez requerida. Su lento desgarro del espíritu produce imágenes recordadas que nunca existieron, soñadas, preparadas en primera línea de partida pero todavía sin escuchar el pistoletazo de salida. Un día, que ha sido fruto de esa terrible añoranza y ese sentir del mundo en derredor vacío, sin la mirada que habla con mil palabras cerca de quien la ama, admira y se mira en ella. Un día henchido de plomizas y rebosantes nubes de amor que no pueden descargar, no pueden siquiera dejar fluir las gotas que tratan de resbalar por mejillas secas, no dejan cuajar el asombro, el amor o la tensión que poseen. Una soledad como la que cantaba Bécquer “… Dios mío, ¡qué solos se quedan los muertos!...” Y por extensión, que solos quedamos cuando los vivos no somos pacientes, con razón, sin dudarlo. Posiblemente, la impaciencia por no perder ni un segundo de existencia, algo muy normal y habitual, nos lleva a tratar de trazar caminos que no se encuentran sobre terreno duro, fuerte, sino sobre arenas movedizas que nos hunden poco a poco en un mar de nada que llegará a ahogarnos, irremediablemente, en la desesperación cuando el tiempo haga los estragos a los que está acostumbrado.
   

   Así que, seré paciente porque más vale vivir un día de pie que mil años de rodillas. Y los mil años han pasado ya. El día para poder estar de pie se encuentra a la vuelta de la esquina si se desea que un mínimo tiempo pase tan veloz y feliz como se prevé el futuro. ¿Qué no existe el futuro todavía? ¡Ese es su mayor atractivo! Cuando se alcance, no sólo se estará de pie sino que se saltará, caminará y correrá veloz hasta el fin de los tiempos.

   ¿Que no se quiere conseguir nada de lo expresado? Bien, no habrá sido por no intentarlo. Y esta, esta es la clave: intentarlo a pesar de ser duro, difícil y complejo. Cuando se intenta con pasión se consigue con serenidad, duración y verdad. ¿Que a pesar de todo no se quiere intentar? Bien. Habrá un punto y aparte que será de mucha categoría en el mundo de los signos gramaticales.


   No cabe duda, me gustaría saber qué se piensa y las bases para pensar de esa forma. Me gustaría introducirme en los pensamientos para bucear sin molestar ni corregir en el mundo de ideas que  rondan por ellos. Me gustaría saber si alguien, sea quien fuese, es conocedor de parte de los pensamientos de los demás, puede desentrañar lo que sucede al pensar y, por supuesto, de aquello que deriva de ellos emotivamente: deseos, pasiones, sueños, delirios, vehemencias, arrebatos.... Me gustaría que hablásemos con la absoluta y total confianza de que somos niños que poseen el aspecto de adultos. Sí, sin menosprecios ni pasadas alusiones a un carácter que es libre. Me gustaría depositar toda la confianza que poseen unos en los otros. Me gustaría que nos supiésemos para comprender lo que es la añoranza, la ilusión y la vida.


   En la infinita espiral del tiempo, lo que ha sido, es y será, confluyen cuando se entremezclan momentos vividos y por vivir. Este dilema acaba cuando la vida continúa y sigue su camino anormalmente normal, a pesar de no poder existir ya ningún tiempo que pueda ser revivido, reemprendido o renacido. 

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lunes, 21 de noviembre de 2016

ABECEDARIO: F

FLAVIA

Antonio Campillo Ruiz
A Flavia

Gustav Klimt 

   Flavia observaba con atención un punto indefinido del lejano horizonte. Sabía que aquella mañana primaveral no sería grata para ella. La noche la atraía. Inmersa en su silencio trataba de alcanzar, sin conseguirlo, la serenidad que unos veloces pensamientos desasosegaban su espíritu mostrando espectros que atemorizaban sus recuerdos. Como otras muchas noches, su tiempo de descanso fue corto. Solía hablarse a sí misma y recordarse, volver a percibir manos, piel, besos, caricias…

 Gustav Klimt

   “Fue la primera vez que estuviste en mi casa. Una mañana, mientras desayunábamos, la primavera se iniciaba como si se tratase de un verano. Tú estabas sentado frente a mí, después de un despertar intenso. En ese instante te percibí, te sentí y te admití en mi corazón. No puedo olvidar cómo me miraste. Esa mirada la atesoro en mi cabeza y en mi corazón.  No hay hombre en el mundo que me pueda gustar tanto como tú, al que pueda amar tanto como a ti .Tienes la capacidad de hacer que sienta que no necesito absolutamente nada porque me lo das todo, todo lo tengo cuando estoy a tu lado.

Gustav Klimt 

 ¡Cuánto te echo en falta!  Cada día es peor. Sí, lo sé, no me lo digas, soy consciente de ello. Tengo que conformarme con traer a mí tu aroma, tus besos al despertar, tu presencia a mi alrededor, como si fueras un torbellino que me envuelve a cada paso que doy. Ese torbellino que se envuelve entre mis piernas, que se enrosca alrededor de mis caderas y sube, sube, sube hasta besarme para dejarme sin aliento. ¿Sabes una cosa? Cuando me despierto por las mañanas me falta el aire, porque lo único que quiero respirar, el único aroma que quiero que me llegue a lo más profundo de mi corazón, no es otro que el tuyo. El levantarme por la mañana sin ti, lo llevo fatal, ¡como no voy a echarte en falta! Todas esas cosas que me dices hacen que me sienta la mujer más feliz del mundo, tranquila, rodeada por tus brazos y acariciada por tus manos, sintiendo que nada ni nadie puede hacer que esa felicidad, plena felicidad, pueda romperse.”

 Gustav Klimt

   Flavia leía absorbiendo miles de letras que, escritas con pasión, le llegaban día tras día, con la lentitud de un tiempo pausado y perniciosamente retenido. En ellas encontraba la compleja explicación de unos sueños reiterativos, anhelantes, en los que un erotismo siempre presente ocupaba todos sus sentidos y percibía por igual suavidad y fortaleza, ansias y dulzura, deseos desenfrenados y caricias sin fin. La búsqueda de su instinto animal y la delicadeza del amor la empujaba a imaginar diferentes aspectos de su inmensa atracción desde una Naturaleza permanente y cambiante. Mar y tierra, aridez y vegetación, llenaban diariamente su espíritu con la llamarada de un fuego inextinguible y placeres infinitos. Se dejaba absorber por quienes deseaban poder sentirla y por él, por aquel ser que la llenaba de su savia para, posteriormente, lamerla y alimentarse de su néctar puro. Y así, sueño tras sueño, caricia tras caricia, placer tras placer, su vida recorría su etapa sin que un solo instante fuese olvidado, traspapelado, no vivido con la intensidad y emoción permanentes del amor y placer íntimamente unidos.  

Gustav Klimt 

“Supongo que todo tiene una razón de ser, una explicación lógica, coherente, racional.  En este momento imagino no querer encontrar respuesta. Me sucede cuando me rebelo ante ciertas circunstancias. La ignorancia no facilita la felicidad pero percibo la levedad de su caricia para poder sentirla.”

Gustav Klimt

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martes, 15 de noviembre de 2016

EL PASEO NOCTURNO

LA LARGA BÚSQUEDA  VIII

Antonio Campillo Ruiz


   Hace tan solo unos minutos, el autillo, encaramado a su atalaya de descanso, la rama de uno de los altos árboles de la plaza, reclamaba su territorio… ¡Cuuu..cu! ¡Cuuu..cu! ¡Cuuu..cu…! La noche es espléndida. Desiertas y silenciosas, las calles peatonales invitan a pasear y pasear, sin rumbo. Unas chicas jóvenes, rubia de larga melena una y castaña con algo de cartucheras la otra, cogidas del brazo, han sobrepasado al paseante con un firme caminar y hablando de sus cosas. Con sorpresa, y agrado observa, unos metros delante, cómo detenían su caminar y se besaban. Suave, sin demostrar nada, como necesitándolo para, a continuación, proseguir su marcha. El paseante se asombra al percatarse de los rasgos en los que se ha fijado: el pelo y, en una de ella, además, sus anchas caderas desafortunadamente grandes por exceso de grasa. ¡Qué cosas! Nunca se habría imaginado que pudiese recapitular en los rasgos fisiológicos que provocan su atención, que no interés, dejando a un lado, inane, superflua, la manifestación de amor que, desenfada, se había exteriorizado en su presencia.

 
   Había cenado solo. Pensaba que después de más de doce horas sin comer era momento de cenar tranquilamente y saborear los alimentos. Así ha sido. Un picoteo que ha resultado sabroso por su variedad, le ha hecho pensar que, no por la hora pero sí por la fecha y día de la semana, los habitantes de esta pequeña ciudad, calma entre las calmas, encerrada en sí misma y con cuatro, ¡qué decir cuatro,… tres! Tres cosa que apreciar en un entorno ya conocido, queda desierta a las nueve de la noche. Es la hora de las cenas familiares en días no señalados para gastar y tratar de festejar aquello que llaman divertirse. Eso queda para viernes y sábados. Por ello, cuando, después de pasear, encontrar y charlar un buen rato con el encargado de los trabajadores que retiran, hasta el año próximo, los toldos que han resguardado del sol las calles más populares de entre las peatonales, se desvía hasta el lugar donde, habitualmente, bebe un sabroso manjar: un buen vaso de horchata de almendra. Apenas eran las once de la noche y ya casi habían recogido. La chica joven, que es más amiga que camarera, le dice que, a pesar del  calor que todavía se percibe, la fecha es como un resorte al que se adhieren todos los clientes: estamos en otoño, ¿cómo vamos a tomar helados? Esta es la razón por la que a final de mes cierran durante un largo período de cuatro meses el local. Una lástima porque sus helados son deliciosos en cualquier época del año.


   Y así, entre charla de las peculiaridades y repercusión que han tenido los toldos entre los vecinos y la necesidad de vacaciones de los trabajadores que han soportado toda la etapa de verano sin ellas, en la heladería, el tiempo se ha ido deslizando y las calles han quedado más solas todavía. Coexistían dos soledades compartidas. Una pensada, sentida y la otra observadora de lo que sucedía con los casi inexistentes viandantes que pisaban sin ruido, sin sentir, aquellas calles que habían soportado un largo día de ajetreo.


   Una exposición en medio de una de ellas se encontraba todavía iluminada. Atrae la atención del paseante. Hombres y mujeres que vendimian en la Rioja Alta. Nombres, que sólo indican que pertenecen a personas desconocidas, llenan los paneles con las características propias de todos y su relación con el trabajo, duro, curtidor de pieles poco delicadas, inapelable con el dolor, con el cansancio y que nos muestran pequeños resquicios de un trabajo que llega a manos de quienes no saben lo costoso que es poder cosechar una copa de vino.


   Más adelante, entre las sombras que proyectan los árboles de las múltiples luces que lanzan hacia el suelo su energía desaprovechada, otra pareja, esta vez heterosexual, se besa como escondiendo una pasión desenfrenada que, posiblemente, no puede mostrarse en otro lugar. La noche lo protege todo y lo comprende todo.


   Y llega a casa. Alcanza lo que se viene en llamar “el merecido descanso”. No sabe muy bien a qué mérito se refiere el poder cenar, algo a lo que tienen  derecho todos los humanos pero que muchos no alcanzan, el poder pasear contemplando y percibiendo cómo pasa a tu alrededor la vida, que no te pertenece, observada con minuciosidad y casi con manía escudriñadora, el poder tener un lugar de descanso que tampoco poseen muchas personas, incluso conciudadanos y el poder relatar su opinión de una noche serena, deliciosamente atemperada, silenciosa. Una de las muchas noches que existen en miles de lugares y que se viven con la ilusión de poder describirla, de poder sentirla, de poder compartirla con quienes la intuyen y comprenden a través de sus particulares experiencias emocionales. Es de suponer que se refiere al mérito de poder percibir, sentir, vivir… 


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lunes, 7 de noviembre de 2016

CARMEN, LA CIGARRERA

UNA CARMEN EXCEPCIONAL

Antonio Campillo Ruiz


   Al General Rafael de Riego sublevado en el pueblo sevillano Las Cabezas de San Juan, el año 1820, por conspirar en favor de la Constitución de Cádiz de 1812, derogada en 1814 por Fernando VII, se le recibía en Triana con toques de campanas entre el fervor popular. El 7 de noviembre de 1823, Rafael de Riego fue ahorcado en Madrid por haber votado, como diputado en las Cortes, reunidas en Sevilla, a favor de la suspensión temporal de los poderes del monarca.

   Carmen, una gitana cigarrera y trianera, enamorada de Lucas, un picador famoso en la historia de las corridas de toros del siglo XIX, desde su libertad de mujer sin compromiso, decide compartir su vida con el admirado picador. Su amante, D. José Lizarrabengoa, un militar vasco intransigente y herido en su honor, da muerte a la gitana al acabar una corrida de toros en la que Carmen, espectadora de la fiesta acompañada de sus compañeras de trabajo, había sido galanteada por el jinete.


   Salvador Távora, dramaturgo sevillano, con este reconocido espectáculo, presenta al espectador su visión de un mito y leyenda como la de “Carmen la cigarrera”, pero transmitiendo la genuina historia que le contó su abuela, trabajadora de la misma fábrica de tabacos donde en épocas de difícil situación social las mujeres intentaban sobrevivir y luchar por sus derechos. "Los espectáculos que se apoyan en el texto lo explican todo, pero éste se explica por los cinco sentidos… en un clima casi del siglo pasado, cuando existió de verdad Carmen, no se puede hablar de Andalucía sino que en él se debe ver Andalucía", dice Salvador Távora de su concepción personal de los hechos que le transmitieron de boca a oreja.


   Cantos que sumergen al espectador en una narración donde la interpretación de las cigarreras compañeras de Carmen, junto a una escenografía tan peculiar como innovadora, dan vida a un orden escénico tan dramático como pleno de las gotas imprescindibles, más bien lluvia, de un erotismo sentido aunque no representado sino en la percepción de quienes admiran sin pestañear, escuchan en silencio y saborean con delectación un mundo de imaginación portentosa.


   Cornetas y tambores de la Banda de las Tres Caidas de Triana, banda sonora del espectáculo, interpretan, desde introducción a desenlace, sus “Toques de Triana”, marchas como “Rocío”, “Angustias” o “Emmanuel”,  junto con la interpretación de solos magistrales y los extractos de la maravillosa música de Georges Bizet, hacen que la música transmita la pasión del espectáculo Las guitarras, parte fundamental de la obra, acompañan con sus deblas y martinete, seguirilla, caña, bulería, bulerías por solea y otros, al cante y baile con una música tan honda como perfecta, tan pasional como emotiva, tan imprescindible como espectacular.


   La obra fué estrenada en 1996 y desde entonces ha sido representada en más de mil ocasiones llevando a cabo varias giras mundiales con éxito, posee un premio MAX de las Artes Escénicas, ha visitado una treintena de países, festivales internacionales de teatro y ha sido disfrutada por más de un millón de espectadores aproximadamente.

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

AROMA A SOLEDAD

RIMA LXXIII

Antonio Campillo Ruiz



Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil rüidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

*

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

*

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronle luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

*

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos...!

* * *

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?
No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos los muertos.

Gustavo Adolfo Bécquer


domingo, 23 de octubre de 2016

LA PINTURA SUGERIDA

DE LA IMPRESIÓN DESENFOCADA A LOS MODERNOS

Antonio Campillo Ruiz

“Bailarinas en la barra”, Edgar Degas

   Observar y disfrutar del arte pictórico, a veces, necesita entremezclar corrientes y sentimientos que responden a la naturaleza de un extenso y apacible diálogo que debe mantener pasado y presente sin ningún tipo de restricción nacional, geográfica o histórica. Así, Bonnard, Braque, Cézanne, Camile Corot, Degas, Ingres, Kandinski, Modigliani, Monet, Monticelli, Berthe Morisot, O’Keeffe, Picasso, Renoir, Rouseau, Sisley, Soutine, Van Gogh… Maestros considerados dispares en estilo y concepción de la obra pictórica, pueden y deben ser representantes de un proceso en el que los valoramos desde diferentes perceptivas y apreciamos la serena emoción que sintieron al realizar su obra.

“Casa en Auvers”, Vicent Van Gogh

   El establecimiento de una cronología del arte europeo del siglo XIX puede entenderse como un diálogo constante entre ideales clásicos, la imaginación romántica y el realismo de los hechos observados. Son apreciaciones que definirían el clasicismo, el romanticismo y el realismo pictóricos, en un momento histórico predeciblemente cambiante. Para tratar de alcanzar el equilibrio y la claridad de la composición, el clasicismo busca lo intemporal y lo ideal desde el punto de vista de la conciliación entre elementos contrarios. Sin embargo, el romanticismo prefiere distinguir y anteponer el desequilibrio, la imaginación y la emoción, valorando al artista independiente porque explora lo nuevo y lo desconocido. Y, mucho más directo, el realismo, al centrarse en los hechos observables como remedio contra la naturaleza idealizada, lo extraño y lo inusitado, se convierte en el antídoto perfecto para el debate entre los partidarios del clasicismo y del romanticismo.

“El movimiento de la calle”, Pierre Bonnard

     Una preferencia por reflejar escenas de la vida cotidiana en pequeños pueblos, la vida urbana y paisajes, trabajando al aire libre con una paleta luminosa generó, a mediados de 1860, un cambio de los aspectos reales a las impresiones desenfocadas, denominación especial de una corriente pictórica que acaba con el realismo porque es imprescindible plasmar la impresión, los reflejos de la luz que va cambiando en el transcurrir del día y de la veloz marcha del astro que produce tonos y claves de colores impensables en ese momento, fundiendo ambos aspectos en lo que se denomina impresionismo. Con poco tiempo de diferencia, casi compartiendo la corriente impresionista y la rapidez con la que se produce, los encuadres asimétricos que recuerdan el resultado de nuevos inventos que transformarán la imagen, dan paso a que la pintura deje de ser una transcripción de la realidad para convertirse en una composición estética y sentida. Es el postimpresionismo, espíritu, que no obras, tan diferente que realizará una introducción a quienes transformarán los cuadros a pesar de reutilizar aspectos anteriores fundamentales.

“La pequeña bañista”, Jean-Auguste-Dominique Ingres

   Para la mayoría de los grandes maestros modernos combinar en sus obras todos los elementos, brevemente relatados, ha sido una constante que ha perfilado estilos puesto que insisten más en unos que otros y diferencian su propia percepción y, por tanto, lo que venimos en denominar estilo. En realidad, el aspecto más característico de la nueva forma de entender la pintura en los maestros modernos es la ausencia de acabados, la espontaneidad y la libertad de ejecución.

“Corrida de toros”, Pablo Ruiz Picasso

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viernes, 23 de septiembre de 2016

MARISA IN MEMORIAM

ETERNAMENTE

“Mamá”Violeta Campillo. Carboncillo sobre papel.

El amor junta los cetros con los cayados;
la grandeza con la bajeza;
hace posible lo imposible;
iguala diferentes estados y
viene a ser poderoso como la muerte.

Alonso Quijano, D. Quijote de la Mancha

   Se ha marchado MARISA. Se ha marchado una mujer buena. Ha sido madre, esposa, amante, compañera y jefa de una familia que la ha querido hasta el infinito y un poco más allá. Sus hijos, Laura, Antonio y Violeta han sido para ella principio y fin de su amor de madre, de su vida y de su constante atención. Ellos siempre la han amado y la aman porque será muy difícil que exista un pasado sin Mamá, como siempre la han llamado. Se ha ido sólo en materia.

   Un día, en un mercadillo de antigüedades a los que gustábamos ir y admirar, la llamé por el apelativo cariñoso que utilizábamos entre nosotros: Coco. Un espabilado vendedor, con parte de sus ofertas de venta en brazos y manos, se dirigió a ella con prestanza y le dijo; “Doña Coco, Doña Coco… mire qué piezas tan preciosas… Llévese una…” Y “Doña Coco” fue su nombre desde ese momento. Sí… era una gran Doña en todo lo que emprendió y realizó en su vida familiar y profesional.


Nunca te gustó que se parasen…

    Las palabras fueron su mundo. La Literatura bien estructurada formaba parte de su vida. Ese mundo mágico de imaginación, sueños y complejo léxico sintáctico la atraía y la empujaba hacia un perfeccionismo extremo cuando escribía o se expresaba oralmente. Siempre ha sido una delicia escucharla y leerla.

 La abuela Marisa con Paola y Valeria

   Para sus nietas, Paola y Valeria, fue su referencia como cuentahistorias, cuentacuentos, fantasías, juegos, inventos… Se lanzaban en tromba para ocupar un lugar, lo más cercano posible, si era posible estar más pegadas a ella y solicitaban día tras día la nueva narración, juego desconocido, explicación de sus recuerdos o anécdotas con sus alumnos que, la abuela Marisa, siempre tenía preparadas para ellas.

Su nueva casa... Las Pléyades

   Ahora ya está en la Pléyades. Me encargó que contase la historia de su inmenso viaje a nuestras nietas como si fuese un cuento, observando a través del telescopio, que tanto les gusta, ese bello cúmulo de estrellas, ocupado también por muchos amigos, que es su nueva casa. Me hizo asegurarle que les ayudaría a mirar las Perseidas que recorrieron el cielo durante los días inmediatamente posteriores a su partida. Dos de ellas, que pudo ver también su hija Violeta, llevaban mensajes y cuentos escritos con una tinta mágica que sólo las niñas y niños podrán leer.

   Marisa ha sido un ejemplo de generosidad y dedicación hacia los demás antes que por ella misma. Su espíritu solidario estaba impulsado por su rectitud moral y ayuda constante a los más desfavorecidos. La realidad social de su entorno fue su lucha personal contra la injusticia social.

 Marisa

   El primer día de clase, los alumnos quedaban impresionados cuando les llamaba por su nombre propio, leído solamente una vez. Creía, explicaba y defendía que poder comunicarse con sus alumnos tal cual si la clase fuese una prolongación de sus vidas y no un paréntesis cerrado y sin sentido, creaba un interés añadido por el saber. Siempre ha estado orgullosa de sus alumnos y su profesionalidad ha sido avalada por la admiración y cariño que le han expresado ellos en todo momento, en cualquier lugar, ciudad o profesión que han alcanzado gracias, en parte, a sus enseñanzas.

   Estoy convencido de que, ahora, la primera vez que nos encontramos separados desde hace cuarenta y nueve años, seguiremos unidos hasta que nos volvamos a reunir por y para siempre.

Antonio Campillo Ruiz

Marisa

 Tu magnolia…

ES IMPORTANTE VISIONAR EL VÍDEO A PLENA PANTALLA Y CON SONIDO DE CALIDAD