jueves, 20 de julio de 2017

HILOS ENTRECRUZADOS

EL TELAR DE CINTURA MAYA

Antonio Campillo Ruiz


   Matemáticas, astronomía, arte, entre muchas otras ciencias descubiertas y aplicadas al cuerpo y el alma, alcanzaron en la Civilización Maya un desarrollo tan importante en el entorno de su asentamiento que de ella han estudiado y bebido, posteriormente, pueblos y culturas hasta la actualidad. De entre las técnicas empleadas recordamos los ricos vestidos bordados que utilizaban y, afortunadamente, continúan usando en la vida cotidiana mujeres y hombres.


   La tradicional técnica de tejido maya está basada en el telar de cintura, pieza sencilla formada por unos soportes, que son dos simples varas que sostienen la urdimbre, los hilos verticales, uno de los cuales se ata a un árbol o cualquier soporte fuerte y el otro, igualmente, desde sus extremos se ata a una ancha cinta que rodea la cintura de la tejedora. Así, la tejedora puede tensar la urdimbre para pasar la trama, hilos horizontales, según las necesidades del tejido que realiza. Con diversos tipos de agujas entreteje en la urdimbre los dibujos que diseña, de memoria, aprendidos de sus padres o representativos de los antiguos símbolos mayas.


   Utiliza una lanzadera, que usa con las manos, entrecruzada con la trama para ir formando la tela. Pasado el hilo de la lanzadera como sostén horizontal de la urdimbre, con el “chacoyo” o lizo, cambia la posición de los hilos y abre la calada, se atraviesa con la espada, palo más pesado y plano que se utiliza para abatanar la trama. Tras separar los hilos de la urdimbre en distintas cantidades y frecuencias, el paso de las agujas, de diverso grosor, van cruzando los hilos de la trama obteniéndose un tejido fuerte, conformado con los repetitivos golpes que da con la espada de madera para apretarlos y tensar la trama.


   La fortaleza de los tejidos es debida al tensado de urdimbre y trama, por ello, es imprescindible que la tejedora tense de forma homogénea el telar con su cintura durante todo el proceso de tejido de una pieza. Esto supone un esfuerzo adicional a la dura posición que debe adoptar la tejedora, de rodillas, sentada sobre sus piernas y sosteniendo el telar.



   La fibra común utilizada para los tejidos es el algodón, de excelente calidad en toda Guatemala y especialmente en la zona del altiplano, donde perduran multitud de tejedoras que mantienen la técnica de representar los dibujos ancestrales de sus antepasados y su simbología. Tintes naturales, minerales u orgánicos obtenidos de plantas, frutos o semillas son, igualmente, conseguidos utilizando los recursos naturales que fueron descubiertos, hace más de dos mil años, por la Civilización Maya. 


sábado, 15 de julio de 2017

UNA EVOLUCIÓN ESPECIAL

EL MANGLAR

Antonio Campillo Ruiz


   Discusiones entre garzas, inoportuno viento que se retuerce entre los micrófonos, voces humanas, sonidos estridentes de motores potentes, tranquilidad, fuertes cimientos de madera tan retorcidos que construyen nuevas islas sin tierra, lugares de vida imprescindibles de una fauna tan diversa como necesarias para el estuario, sin efectos, sin cambios, con la naturalidad de las sensaciones vividas. Es el manglar.


   Los estuarios semisalinos de los ríos Dulce y Cocodrilo, en la selva de Guatemala, poseen uno de los espacios más importantes para la vida de la fauna y flora que se encuentran en el ecosistema, cuasi virgen, que es, además, lugar de visita animales de todas las especies del lugar. Potentes raíces soportan un inmenso peso y conforman islotes que, agarrados a la profundidad arenosa del fondo, día a día, se extienden y amplían cuando las semillas, alargadas y pesadas, caen desde lo alto de las ramas que las han criado para hincarse en un lugar aleatorio del fondo y crecer con la rapidez necesaria para convertirse en una parte de la isla natural, tan intrincada como impenetrable, tan especial como bella.


   Contemplar el diseño que el azar natural construye es una suerte y un placer. La Naturaleza existe en su estado puro. La flora se diversifica y evoluciona en función de las necesidades que, posteriormente, serán necesarias para la fauna que crece y se reproduce sobre ella.



domingo, 9 de julio de 2017

UN MEDIO NATURAL ÚNICO

EL MINIMERCADO DEL RÍO COCODRILO

Antonio Campillo Ruiz


   Una línea del cielo de intenso color verde ocupa las riberas del río Cocodrilo, en la intrincada selva de Guatemala. Sorprende apreciar cómo la lucha por la subsistencia de las diversas especies vegetales es competitiva pero sin dañarse entre ellas. La búsqueda de luz para poder realizar las funciones vitales específicas de los vegetales es dura pero no destructiva. Así, las riberas del río Cocodrilo se encuentran plenas de especies que ocupan la totalidad de la tierra donde se aferran, donde consiguen los pocos elementos minerales que necesitan. Apreciar este entorno desde el propio río favorece una visión de los altos acantilados calcáreos que poseen formaciones rocosas erosionadas por el agua del río, la de la lluvia y las raíces que horadan la débil roca y cuelgan de ella hasta el precipicio. Cárcavas cual techos de cavernas desplomadas dejan entrever que la roca también posee una influencia decisiva en la conformación de las riberas y se deja cortar y excavar para favorecer la plenitud de las plantas que la cubren.


   El manglar, hincado profundamente en el lecho arenoso y degradado por el agua acoge, a su vez, a los habitantes humanos ribereños que poseen unas viviendas fabricadas por ellos con los materiales que la selva les proporciona. Esta riqueza en fibras y maderas ha favorecido que, con el paso del tiempo, su utilización por quienes las conocen y saben obtenerlas de las plantas a las que pertenecen, se haya convertido en un arte de cestería, tallado y utilización de las propiedades físicas y químicas de las composiciones de todos y cada uno de los utensilios que, desde su mínimo mercado, ofrecen a vecinos y visitantes. La pericia y la perfección de acabado supera sin paliativos la de cualquier máquina que se diseñe para ello. Los cimientos de su pequeña empresa se encuentran entremezclados con las potentes raíces del manglar y es desafortunado no encontrar a estos artistas que cuidan con esmero la selección de materias primas y su posterior transformación en utensilios sin los que la selva, ruda e implacable, impediría la supervivencia en ella.

Objetos artesanos adquiridos en el río Cocodrilo 
en su lugar de decoración 

   La modernización progresiva de lugares cuasi inexplorados favorece la ocupación por seres humanos que deben adaptarse lentamente a este entorno, no sin dejar huella de su aprendizaje como exponente de su cultura anterior. Lentos pero inexorables procesos de contaminación pueden crear desequilibrios irreparables en un ecosistema tan frágil como, aparentemente, potente se nos presenta. Es obligación de todos los nuevos conquistadores respetar y evitar la degradación de un río y un entorno únicos y de belleza estremecedora.  



domingo, 2 de julio de 2017

ALTIVAS FLORES NACIDAS DEL AGUA

NENÚFARES EN EL RÍO DULCE

Antonio Campillo Ruiz


   Un denso aroma a destilado de alcohol pareciese indicar que nos encontramos en el lugar secreto que la Naturaleza utiliza para obtener esos compuestos que son utilizados para remediar el mal y el dolor. Hace unos años, germinaron bajo el agua las plantas que la cubren. Las enormes dimensiones de sus hojas empezaron a disminuir hasta alcanzar la superficie y en ella formaron un tupido manto. Ahora, robando la luz para que sus grandes raíces crezcan poderosas y se agarren al débil fondo arenoso, impiden que algas y otras especies acuáticas puedan arrebatarles el pobre alimento mineral que absorben.


   Pertenecen a la familia de las Nymphaeaceae y dentro del género Nymphaea hay un buen puñado de especies y multitud de variedades. Nenúfar, Nenúfares, Lirio de agua, Ninfea, nombres que han ido pasando por lugares bellos relacionados con la altivez pasajera de los cinco días de su rauda floración. En el antiguo Egipto se consideraban plantas sagradas porque sus flores se abren en presencia del sol y se cierran en la oscuridad, aunque, las ninfeas de climas tropicales mantienen las flores abiertas tanto en el ciclo diurno como en el nocturno.


   El sordo ruido que produce el motor de la lancha ahuyenta la soledad del remanso ancho, de aguas serenas y escondidas, donde los peces buscan protección y alimento bajo el manto verde de las hojas que cubren la superficie. Es su lugar de descanso. Las oscurecidas aguas no dejan brillar sus plateadas escamas y su lento aleteo impide que los remolinos atraigan a los depredadores. Aves de todo tipo han evolucionado para que sus largos dedos puedan ser sostén en tan débil suelo, paseando por las hojas que son el lugar de búsqueda de sus alimentos.


   Olores y belleza cromática se unen con la selva virgen, la fauna y los humanos que, con el delicado esmero de quien no debe quebrar ni un solo tallo de estas plantas, conforman un nuevo motivo para que sentidos y cotidiano devenir se entremezclen en el inmenso conjunto vital de Guatemala.



domingo, 25 de junio de 2017

ABECEDARIO: H

HORTENSIA

Antonio Campillo Ruiz

Leonid Afremov

   Hortensia no esperaba que lloviese con tanta furia. Aquella mañana estaba preparada para que su amigo pudiese apreciar lo que sentía cuando paseaba por aquel inmenso robledal. La lluvia, fría, desapacible y bella, pintaba, a la acuarela, unos desdibujados retazos de paisajes atormentados. Ella, que se sentía tan feliz siendo anfitriona de sus recorridos por entre la Naturaleza, se encontraba muy contrariada. No podrían llegar hasta aquel pico que sobresalía con altivez sobre el resto de las montañas que rodeaban el pueblo. Se refugiaron en una zona densa de arbolado y, conocedora de la variabilidad de la atmósfera, esperaron ante la predicción, personal, de que pronto escamparía. Las hojas empezaron a empaparse y, saturadas de agua, cobijarse bajo ellas supuso recibir doble lluvia. Era preferible estar a la intemperie y por ello, corrieron como dos niños que habían cometido una travesura hasta una extraña construcción que poseía un alero donde resguardarse. Su amigo la inspeccionó intuyendo que estaba allí, en medio del bosque, con un fin, descubriendo que, en una de sus caras, existía una entrada baja que daba paso a un pequeño habitáculo en el que se podía estar de pie e incluso, en una pequeña mesa de ladrillos se podía hasta descansar sentado. La llamó y, no sin miedo, se agacho y entró en aquel sigular lugar. Una tela de araña del rincón izquierdo le rozó su desnudo brazo haciendo que chillase con terror. Explicó a su amigo que no soportaba los lugares cerrados y solitarios porque le parecían lugares de otro mundo. A pesar de todo, se mantuvo quieta y, al poco tiempo, continuaron su animada charla protegidos por aquel eficaz refugio.

Leonid Afremov

   Hortensia había pasado la noche inquieta. El anuncio de que su amigo llegaba aquel día y podrían continuar sus animadas charlas, interrumpidas por nada desde hacía un tiempo, la inducía a cometer pequeños errores en la manipulación y orden de sus papeles, sus informes y su casa. No sabía lo que sentía pero tenía la sensación de poder demostrar, en los ojos de su amigo, lo que tantas veces habían hablado sobre la belleza que rodeaba su aislada casa. Colores y olores conformarían una paleta impactante. Estaba segura. Sus múltiples pinturas y los retratos de ella, cincelados con delicados y potentes pinceles sobre telas ásperas, serían de su agrado.

 Leonid Afremov

   Hortensia tuvo conciencia de esta preocupación, que no debería ser tal, precisamente, durante su inquieto sueño. No entendía cual sería la causa. Lo esperaba con la ilusión de que hiciese realidad descripciones que, sin vivirlas, son difíciles de explicar. Nada es similar al olor de la tierra, la hojarasca, las plantas herbáceas, cuando la lluvia las empapaba. Pero, con el paso del tiempo, la luvia y la alegría, se retrasaba la inmensa retahíla de temas por tratar y que deseaba expresar, compartir precipitadamente, como los había soñado durante la noche. Su nervioso verbo no dejaba escapar ningún tema que, desde hacía tanto tiempo, era necesario para ella comunicar a su amigo. Sucedieron tantos hechos, queridos y despreciables, en tan minúsculo tiempo que se encontraba nerviosa y, a la vez, reticente a ser ella la que iniciase uno solo de ellos. Lo miró intensamente y en ese momento supo que una sombra, una leve cortina de sufrimiento había apagado sus ojos. Supo que sería poco afortunado hacerle cargar nuevamente con el peso de mil desencuentros. Supo que tendría que correr el tiempo para que volviese a poseer la alegría y agudeza parlanchina que lo caracterizaba. Supo que la lluvia debería lavar intensamente aquellos ojos verdes para infundirles nuevamente un rayo de vida. 
     
Leonid Afremov



lunes, 19 de junio de 2017

LA ORUGA DE LUCIÉRNAGA

SILENCIO ESTRIDENTE

Antonio Campillo Ruiz


   Un estridente chirrido de roce entre hierros, anuncia la llegada, por la desembocadura de lo insospechado, de aquella larva de luciérnaga con el nombre grabado en la parte superior de su cabeza. Ni la velocidad para horadar el negro camino que le tenían asignado ni su tamaño eran comparables a la de sus hermanas animales. Un sordo sonido, precedido de una vaharada de aire caliente, llega hasta los pacientes ciudadanos que esperan, en silencio, aquel tropel de sonidos inconexos y desagradables.


   El desinflar de aire a alta presión abre puertas por las que, presurosos, salen y se introducen en el convoy los pasajeros que buscan, con afán, un lugar donde ubicarse. Como un programado movimiento, las manos se dirigen a bolsos y bolsillos en busca del “aprovechador de tiempo” de turno. Libros clásicos de papel, electrónicos, móviles, tablet, salían presurosos y eran sostenidos por manos ávidas. Rostros serios, silenciosos, preocupados, cansados, inmersos en sus quehaceres comunicativos con todos excepto con su vecino de viaje, conforman un conjunto que, en el interior de la gran luciérnaga tubular, manifiestan su indiferencia y escuchan el silencio estridente, machacón, irritante.


   Al arrancar el invento que les haría alcanzar, en el mínimo tiempo posible, sus lugares de trabajo, ocio o residencia, el poder de la aceleración cimbrea cinturas y obliga a sujetarse en gruesas barras distribuidas al efecto por el interior de aquel largo gusano articulado. Manos y dedos se esfuerzan en sujetar y detener el movimiento que impulsa  letras y números, desde sus distractores preferidos, a un baile que entorpece su comprensión. A pesar de ello, sus miradas se empecinaban en seguir la trayectoria de los dispares movimientos generados por los traqueteos de curvas, tirones o frenadas. El silencio seguía siendo total entre los viajeros. Pareciese que todos escuchaban con atención la música atónica que entremezclaba sus frecuencias y falsas interpretaciones dependiendo del estado del camino y necesidades de la enorme oruga. No, no posee ninguna armonía ni su ritmo es fácil de seguir. Una claridad se apodera velozmente de la obscuridad persistente a través de las ventanillas acristaladas. Al detenerse aquel artefacto, se repiten las rápidas entradas y salidas de él.


   Siguiendo el camino de quienes lo han abandonado, pasillos adornados con fotografías, pretendidamente impactantes, altercados y discusiones igual de disonantes que el invento del que se sale, largos pasillos, sube y baja escaleras, laberintos horadados que tragan o expulsan a la silente multitud que avanza recta, monótonamente ordenada, hacia un nuevo sonido: gloooup, gloooup, gloooup, que anuncia la presencia de otro aparato que facilita el paso de los viajeros. La larga escalera mecánica avanza con cansancio hacia su fin sinfín mientras es cabalgada por todos sus ocupantes, que, en tétrico silencio, no deben realizar esfuerzo alguno para subir a un nivel más cercano al cambio de oruga o a la salida de aquella madriguera artificial.


   Indicaciones y, nuevamente, golpes secos de hierros esperan en unas portezuelas con un extraño diseño. No se escucha, entre las fuertes corrientes de aire, ni siquiera una voz, una tos, un carraspeo de garganta seca, sólo los golpes y golpes de las puertas de salida y entrada. Tras ellas, una escalera de granito, áspera para que cumpliese su función de ser antideslizante, espera a los raudos caminantes. Al ir saliendo, con la lentitud de una soledad acompañada, se escucha, cada vez con más intensidad, la música de un improvisado doncel que ha cambiado el canto a su amada por el dinero que le donan los viandantes, un murmullo de motores, ruedas sobre el asfalto, arrullo disonante y el silencio de paseantes o presurosas personas que deben seguir hacia un camino, trazado con la seguridad de lo cotidiano, que les conduce a su destino.


   Atrás queda aquel hoyo enorme, aquella entrada a un infierno pleno de luz artificial y de aparatos mecanizados que facilitan, según los usuarios, que el tiempo empleado en el traslado de un punto a otro de la ciudad sea el más corto posible, algo que a veces se consigue y otras no. Es preciso sentir el paso del tiempo en el interior del gusano metálico para determinar cuánto se ha leído, cuánto se ha jugado, cuánto se han estudiado, cuánto se ha dormido durante el trayecto, cuánto se ha percibido la soledad rodeado de personas iguales a uno mismo.




martes, 13 de junio de 2017

DISTANCIAS INMENSAS, GALAXIAS BELLÍSIMAS

GALAXIAS NGC

Antonio Campillo Ruiz
“Hemos averiguado que vivimos en
un insignificante planeta de una
triste estrella perdida en una galaxia
metida en una esquina olvidada de
un Universo en el que hay muchas
mas galaxias que personas.”

Carl Sagan

Galaxia NGC 4565 ©Lóránd Fényes

    ¿Nuestra galaxia, La Vía Láctea, es tan delgada? Nosotros lo creemos. La magnífica galaxia espiral NGC 4565, también conocida como la aguja de las galaxias por su perfil estrecho, brillante y bello, es objeto de visualización satisfactoria desde muchos telescopios terrestres que apuntan al cielo del hemisferio Norte. Se encuentra en la débil, cuidada y delicada constelación Coma Berenice. Esta imagen nítida, de colores vivos, revela el núcleo central abultado de la galaxia, cortando y oscureciendo los carriles de polvo que encajan su plano galáctico fino. Un grupo de galaxias, al fondo, se incluye en el bonito campo de visión, con la galaxia vecina NGC 4562 en la izquierda superior. La galaxia NGC 4565 se encuentra, a una distancia desde nosotros, de unos 40 millones de años luz (1.261.440.000.000.000, mil doscientos sesenta y un billones cuatrocientos cuarenta mil millones de kilómetros), y abarca unos 100.000 años luz (3.153.600.000.000, tres billones ciento cincuenta y tres mil seiscientos millones de kilómetros). NGC 4565 está considerada como una especial y prominente obra maestra celeste.

Galaxia Espiral NGC 6744
© Daniel Verschatse

   La gran galaxia espiral NGC 6744 es casi 175.000 años luz (5.518.800.000.000, cinco mil quinientos dieciocho billones ochocientos millones de kilómetros), más grande, de través, que nuestra propia Vía Láctea. Se encuentra a unos 30 millones de años luz (946.080.000.000.000, novecientos cuarenta y seis billones ochenta mil millones de kilómetros), de distancia de nosotros, en el sur de la Constelación de Pavo y aparece como un objeto débil, extendido. Se puede observar el disco del universo de la isla cercana inclinado hacia nuestra línea de visión. Esta fotografía, notablemente detallada de la galaxia, cubre un área alrededor del tamaño angular de la Luna Llena. En ella, el núcleo amarillento de la gigante está dominado por la luz de estrellas viejas y frescas. Más allá del núcleo, los brazos espirales llenos de jóvenes racimos de estrellas azules y regiones de formación de estrellas rosáceas, se extienden lejos de una galaxia satélite más pequeña en la parte inferior izquierda, que recuerda a la galaxia satélite de la Vía Láctea, la Gran Nube de Magallanes.

Galaxia NGC 3621
© Robert Gendler, Roberto Colombari
Hubble Legacy Archive, European Southern

   Mucho más allá del grupo local de galaxias podemos observar la galaxia NGC 3621, a unos 22 millones de años luz de distancia (693.792.000.000.000, seiscientos noventa y tres billones setecientos noventa y dos mil millones de kilómetros). Se encuentra en la constelación meridional multi-encabezada Hydra. Los brazos espirales, de la isla espiral en este magnífico lugar del Universo, se cargan con los racimos luminosos de las estrellas azules, las regiones rosadas y los carriles oscuros de polvo. Aún así, para los astrónomos, NGC 3621 no ha sido simplemente otra galaxia espiral cara-sobre. Algunas de sus estrellas más brillantes se han utilizado como velas stándar para establecer estimaciones importantes de distancias extragalácticas y la escala del Universo. Esta hermosa imagen de NGC 3621, es el resultado de un grupo de datos del telescopio espacial Hubble y otro terrestre. Sus brazos espirales sueltos, lejos de las regiones centrales más brillantes de la galaxia, se expanden a lo largo de unos 100.000 años luz (3.153.600.000.000, tres billones ciento cincuenta y tres mil seiscientos millones de kilómetros). Las estrellas en primer plano, de nuestra propia galaxia, La Vía Láctea y galaxias de fondo aún más distantes, se encuentran dispersas a través del fondo coloreado.

NGC 1316: DESPUÉS DE
UN CHOQUE DE GALAXIAS
© Steve Mazlin, Warren Keller, y Steve Menaker
(SSRO / UNC / PROMPT / CTIO)

   La galaxia elíptica NGC 1316 es un ejemplo de violencia a una escala cósmica. Esta enorme galaxia se encuentra a unos 75 millones de años luz de distancia de nosotros (2.365.200.000.000.000 dos mil trescientos sesenta y cinco billones doscientos mil millones de kilómetros), hacia Fornax, la constelación sur del Horno. Investigando la asombrosa vista, los astrónomos sospechan que la galaxia gigante debió colisionar con la vecina más pequeña, la NGC 1317, que se aprecia justo sobre la NGC 1316, causando lejanos restos y conchas de estrellas. La luz de este violento encuentro, debido posiblemente a su cercanía, habría alcanzado la Tierra hace unos 100 millones de años. En la imagen profunda y nítida, las regiones centrales de NGC 1316 y NGC 1317 aparecen separadas por más de 100.000 años luz (3.153.600.000.000, tres billones ciento cincuenta y tres mil seiscientos millones de kilómetros). Las calles de polvo complejas, visibles en su interior, indican, igualmente, que NGC 1316 es, en sí misma, el resultado de una fusión de galaxias en el pasado lejano. Encontrada en las afueras del grupo de galaxias de Fornax, NGC 1316 se conoce como Fornax A. Una de las, visualmente, más brillantes de las galaxias del racimo de Fornax.



jueves, 12 de enero de 2017

EL CONCIERTO

LA SINFONÍA DE LAS HOJAS ACICULARES

Antonio Campillo Ruiz

Ya estamos hablando, animando, escribiendo…
lo que podemos hacer... a nuestra luchadora amiga
y compañera
INMA LUNA
http://elblogdemaku.blogspot.com.es/

Manuel López 

   Le agradaba que el suave aire silbara al enroscarse entre los pliegues de su oreja. Aquella mañana salió sin rumbo prefijado. Paseaba, sin ver, entre el ajetreo diario de personas y carruajes. Cuando llegó a su lugar preferido escuchó la música que emitían las hojas aciculares cuando el viento las hacía vibrar. Una orquesta sincronizada con el ir y venir, casi constante, de aquel aire. No podría explicar en qué categoría instrumental clasificaría a las aciculares. Podrían ser instrumentos de cuerda por su delicada finura pero emitían sonidos armónicos a causa del aire, por tanto, deberían ser de viento. Sí, debería ser una nueva combinación de la Naturaleza que el hombre era incapaz de reproducir. Hacer vibrar con viento una cuerda. No estaba mal.

Manuel López

   A la vez, mientras el concierto de cuerdas-vientos sonaba con potente claridad, el acompañamiento de aromas que las plantas vecinas a los pinos, amparadas por su desmesurada altura de ramas gruesas y fuertes, era tan sutil que impregnaba con delicadeza el viento que respiraba. Lavanda, romero, tomillo… conformaban, a su vez, un conjunto de olores que se filtraba entre las notas sonoras y establecían la cadencia en la interpretación de la sinfonía.

 Manuel López

   Unos niños se encontraban sentados en medio de los grupos de pinos, los más tupidos y altos. Con ellos, se entremezclaban casi la misma cantidad de personas de edad dispar. Todos en silencio. Una persona, de pie frente a ellos, indicó con el dedo índice silencio y gesticuló para que tomase asiento con ellos. Sus brazos y manos se movían dirigiendo una invisible orquesta y, curiosamente, el ritmo era el que establecía previamente. Dirigía el sonido del viento. Pensó que habría ensayado durante mucho tiempo esta difícil dirección de instrumentos desconocidos. A la vez, ráfagas de olores llegaban hasta el grupo que, hipnotizado miraba a lo alto como queriendo descubrir a los intérpretes de la melodía del viento. En derredor, observó el pequeño río y su embalse. Escuchó el sonido cantarín de sus aguas. Breves y urgentes movimientos de alas de pájaros que se resguardaban en las ramas cercanas. De pronto, quien dirigía la orquesta movió su mano hacia un grupo de álamos, acacias, un conjunto de plantas leñosas y los pájaros. Obedeciendo su mandato maestro, el viento cambió de dirección y las hojas emitieron un sonido grave y atropellado que se mezcló con el de las hojas aciculares de los pinos y los aleteos desordenados de los pájaros. El cambio de tono provocó un movimiento de todas las cabezas de niños y mayores hacia el lugar de la disonancia. Su grave son estaba motivado por la caída irremediable de multitud de sus hojas mustias, débiles y la huida de las aves. La mano que indicó al viento su movimiento se alzó y este suavizó su fuerza girando levemente hasta una calma inusual. Los árboles dejaron de sonar y sus hojas de caer. El viento se había calmado inopinadamente. ¿Sería un sueño?

 Manuel López

   Los niños comprendieron que el concierto había terminado. Debían marchar otra vez al aula para, detalladamente, explicar las sensaciones que la Naturaleza puede provocar cuando se la comprende. Una voz parsimoniosa dirigió unas palabras a las  personas que se encontraban mezclados entre los niños, explicando que hasta pasados nueve días no podrían escuchar otro concierto pero que asistiesen con sus amigos que volverían a aquel lugar siempre que hiciese aquel aire fresco, suave y delicado. Los niños se colocaron en dirección al camino que debían recorrer y marcharon cogidos de la mano.

Manuel López 

   De vuelta a casa, escuchando el silencio, sin aire convertido en viento, entre el trajín de la ciudad a una hora cualquiera de un día cualquiera, comenzó la espera de los nueve días pensando en el próximo concierto dirigido e interpretado por… ¿por quienes?

Es importante visionar el vídeo a plena pantalla y buen sonido.

viernes, 6 de enero de 2017

UN VIOLÍN CUÁNTICO

PENSAMIENTOS QUE MUSICALIZAN LA MECÁNICA CUÁNTICA

Antonio Campillo Ruiz

Nuestra luchadora amiga y compañera
INMA LUNA
http://elblogdemaku.blogspot.com.es/
necesita que la generosidad y
los avances científicos la ayuden.
Que nosotros la ayudemos, todos.
NECESITA CON URGENCIA UN
RIÑÓN PARA QUE SU CUERPO
ALIMENTE A SU MENTE Y
PUEDA VIVIR CON ALEGRÍA.
Si puedes ayudar, este blog
y el suyo es la referencia.

¡HAZLO, POR FAVOR!


   El Premio Nobel de Física Richard Feynman, uno de los científicos más brillantes del siglo XX, tuvo la capacidad de saber explicar con sencillez aspectos complejos sobre los estudios que realizó y fueron su pasión… "La física es como el sexo: seguro que tiene una utilidad práctica, pero no es por eso que lo hacemos" … En 1981, en una charla en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Feynman, también padre de una desgracia científica, la bomba atómica, reflexionó sobre el problema de simular con ordenadores clásicos la física cuántica, las asombrosas leyes que rigen el mundo de lo infinitamente pequeño… "La naturaleza no es clásica, joder, así que si quieres hacer una simulación de la naturaleza, será mejor que la hagas mediante la mecánica cuántica. Claro que es un problema maravilloso, porque no parece muy fácil".


   Ese mismo año nació en Madrid Leticia Tarruell. Desde muy joven el violín era su pasión. A los 21 años, había acabado los estudios en el Conservatorio Superior de Música de San Lorenzo de El Escorial e interpretaba, en  una orquesta de música de cámara, con virtuosismo, su concepción de la cadencia que debían poseer las notas que emitía su precioso instrumento. Como pasatiempo, había hecho, en paralelo, la Licenciatura de Ciencias Físicas, "Mi proyecto principal era la música, la Física era para pasármelo bien. Luego me di cuenta de que me gustaba más el proyecto secundario que el principal"...


  Hoy, Tarruell hace realidad el sueño de Feynman. En su laboratorio del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), en Castelldefels (Barcelona), ha construido un simulador cuántico: una máquina que enfría átomos hasta casi el cero absoluto (273 ºC bajo cero) y permite manipularlos a voluntad para estudiar las posibles propiedades y aplicaciones, por ejemplo, de materiales que todavía no existen y poder aplicarlos a un entorno de temperatura ambiente normal. Los superconductores de electricidad y sus inmensas posibilidades en la tecnología actual es uno de ellos. Su trabajo se ha publicado en revistas como Science y Nature. Y acaba de recibir el premio al mejor investigador novel en física experimental otorgado por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación BBVA.


   "La música y la investigación se parecen bastante. Aprendes cosas nuevas todo el rato y también es un trabajo en equipo" En 2002, Tarruell  cogió su violín y se fue de beca Erasmus a la Universidad París 7, en la capital francesa. Allí conoció el mundo de los átomos ultrafríos. "Iba para seis meses y me quedé seis años".

   En la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Suiza) estudió y trabajo durante cuatro años y, tras ganar una plaza fija en el Centro Nacional para la Investigación Científica francés, Tarruell  regresó, algo verdaderamente insólito entre las innumerables fugas de personas inquietas por los estudios y las posibilidades que se le ofertan en diferentes lugares del mundo, a España. Es un cerebro fugado y recuperado… "Llevaba toda la vida diciendo que era una pena que no se hicieran más experimentos así en España y que si un día me salía la oportunidad volvería. Si te dan la oportunidad y no vuelves, te tienes que tragar todo lo que has dicho de que tiene que haber más investigación en España"


   El equipo de Tarruell , tras un trabajo complejo y con facilidades escasas por parte de quienes deben velar por la ilusión de investigar para obtener avances que mejoren el saber humano, construyó su máquina: "Enfriar un átomo es reducir su velocidad. Cuanto más fríos se encuentran, más lentos vibran"… Reduce con ella la temperatura de la materia hasta aproximarse a sólo decenas de milmillonésimas de grado del cero absoluto. A esa temperatura, los átomos quedan prácticamente inmóviles y se facilita el estudio de sus propiedades físicas y químicas. Veamos un ejemplo. Un átomo de cesio-133 produce 9.192.631.770 oscilaciones en un segundo si se encuentra a 273 ºC bajo cero, 0º K. Ni una más, ni una menos. Desde 1967, un segundo de tiempo se define como la duración de 9.192.631.770 oscilaciones entre los dos niveles hiperfinos de un átomo de cesio-133 a la temperatura de –273 ºC, 0 ºK. Podemos decir que los átomos ultrafríos miden el tiempo de nuestras vidas.


   "Nosotros atrapamos a los átomos en una trampa que hacemos con campos magnéticos o con láseres muy focalizamos. Si los enfriamos lo suficiente, entran en un régimen cuántico"“Cuando están muy calientes, los átomos son como bolas de billar: partículas que se mueven muy rápido y chocan entre ellas. Pero cuando se enfrían, se empiezan a comportar también como ondas. Entran en juego las fascinantes leyes que rigen el mundo invisible. La misma partícula puede estar en dos sitios a la vez”"Una sola partícula no se comporta igual que 100.000 cuando interactúan entre ellas. Me interesa saber qué tipo de nuevo comportamiento colectivo aparece. Pasa igual en la sociedad. No por entender a dos o tres personas entiendes cómo funciona la sociedad. En la mecánica cuántica es lo mismo".

Es importante visionar el vídeo a plena pantalla.

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